Miércoles 04 de Octubre de 2017
"NUNCA HUBO MUCHA ARMONÍA CON LOS DIRIGENTES"

Luciana Aymar:
Luciana Aymar:
La ex capitana Luciana Aymar cuenta cómo fue la tensa relación con Aníbal Fernández y el resto de los directivos, que afectó el clima de Las Leonas con cambios de entrenadores y renuncias de jugadoras.

 

 

 

-Cuando te retiraste, eras la capitana de Las Leonas. ¿Ese rol lo tenías incorporado en tu personalidad o llegaste a él porque debiste meterte en cosas que, por ser Lucha, tenías que hacer?

-La capitana siempre tiene que estar encima de todo. A veces no te querés hacer cargo de un montón de cosas, pero no te queda otra. En mi caso, por suerte tuve grandes capitanas, como Karina (Masotta) o Magui (Magdalena Aicega), y aprendí muchísimo de ellas. Una, con su esencia, va siendo líder a su manera, pero con las mismas actitudes, valores y ejemplos que te llegan. No siempre el mejor jugador de la cancha tiene que ser el capitán. En mi caso, yo fui capitana pero tenía jugadoras al lado que cuidaban mi espalda un montón. Yo daba la cara, tenía la banda, hablaba con los entrenadores, veía lo que estaba pasando y trataba de solucionarlo, pero alrededor mío varias se encargaban de un montón de cosas que me facilitaban la vida para que yo me enfocara más que nada en jugar.

Una de las tareas más arduas que vivió Aymar como capitana fue sobrellevar la áspera relación con los distintos dirigentes que pasaron por la Confederación en su carrera, que desembocó en renuncias de jugadoras y desplazamientos de entrenadores. ¿Por qué cuesta tanto armonizar con la dirigencia que se supone trabaja para desarrollar su deporte? “Nunca hubo mucha armonía -dice-. Yo he hablado con alguno, pero no más. Casi todos los deportistas tienen algún problema con su federación. Es muy difícil”.

-Pero da la impresión de que en el hockey sería más simple, porque pueden trabajar desde el éxito de tener a los mejores...

-Si a mí me llamaran para poder hablar en la Confederación y ayudar en algo, lo haría. (Mira el teléfono) Todavía estoy esperando. Yo sé que es difícil, eh, porque nos tenemos que enfrentar y decir un montón de cosas. Quizás sientan que los expongo de alguna manera, pero no tengo problema en ayudar, sobre todo ahora, que estoy en otro lugar, más tranquila, más relajada. No tengo otras presiones. Es necesario un acercamiento para que se escuche al jugador.

-¿Fue el comienzo de la gestión de Aníbal Fernández el momento más ríspido de tu carrera en la Selección? Porque hubo cambio de entrenadores, renuncias de jugadoras y pasaron a ser noticia por eso y no por un suceso deportivo...

-Nosotras pasamos por un montón de situaciones similares y no se hizo tanto revuelo, pero en ese momento fue impresionante lo que se armó. Está bien, habían renunciado un par de jugadoras y era una noticia importante para contar. Fueron momentos difíciles. Venís bien y de golpe te cambian tres veces al entrenador. Yo no me quería estar preocupando porque no me cambiaran al entrenador o al kinesiólogo. Yo quería jugar. Esos momentos en los que hubo esas alteraciones dentro del equipo no estuvieron buenos para nadie. Ni para las que renunciaron ni para las que no renunciamos. Pero esos momentos difíciles también los habíamos pasado antes con otros dirigentes, con quienes debimos lidiar por otras cosas feas que nadie sabe. Pero como no éramos tan conocidas, no éramos tan vendibles y no se hacía público.

-Ocurre que por al alto cargo público de Fernández, también la exposición era otra...

-Empezaron a pasar cosas que no entendíamos. Nosotras queríamos jugar. A veces uno como jugador puede incidir en dar una opinión acerca de un entrenador, pero después la decisión la toman los dirigentes. Mil veces me junté con dirigentes para hablar de entrenadores. “Me gusta éste, éste y éste”, les decía. “Bueno -me contestaban-. Éste y éste no”. ¿Para qué llamaban entonces si no había opciones?”.

-¿Te desgastó esa situación en el final de tu carrera?

-Me desgastó bastante. ¿A quién no? ¡Si en seis meses tuvimos tres entrenadores! Es lógico. Nos explicaban que venía una nueva Confederación y que lo anterior se tenía que ir. Después a los meses te das cuenta de que un entrenador no dirigiría a la Selección y tenés que volver a cambiarlo. Así era imposible. No se conseguían resultados y no se conseguía un grupo. Era todo un lío. Luego pasó lo de Río 2016 y sacaron a Gaby (Minadeo) sin darle una chance a que se equivocara. Por eso hoy me pone contenta que las chicas estén tranquilas con un entrenador. Era lo que queríamos.

-Si ustedes la parieron teniendo el respaldo de los resultados, ¿qué les queda a Los Leones? Hace poco más de un año que son campeones olímpicos y aún esperan el desarrollo del hockey masculino…

-Hay que empezar a escuchar con humildad a los jugadores. Es así. Eso no implica consentirlos ni hacer lo que quieran, pero sí escuchar cuáles son sus necesidades y qué sienten. Falta un poco de eso, me parece.

-¿Cómo viviste su oro en Río?

-Lo de los chicos fue tremendo. Ya venían trabajando, como nosotras en su momento, con el Chapa (Retegui), que es un loco del entrenamiento. Al no tener tanto éxito con la Selección, la mayoría jugaba en el exterior y venían a entrenarse para jugar un torneo. Y la verdad es que es muy difícil conseguir un resultado así cuando cada uno juega en un lugar diferente. El Chapa cambió eso y los quiso a todos en la Argentina por un tiempo prolongado. Y así se notaba la diferencia que tenían. Río 2016 fue su momento de quiebre y consiguieron lo que merecían conseguir.







Fuente: Clarín


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