Lunes 25 de Marzo de 2019
SER PADRES DE UN ARQUERO ES DIFERENTE

Interesante artículo en donde un padre reflexiona acerca de las vivencias de tener un hijo portero, en los primeros años de las inferiores.

 

Así es, o al menos así lo siento. Ser padre de portero es diferente. Ni mejor ni peor. Simplemente diferente. Tenemos otras “preocupaciones” y vivimos el partido de forma distinta a como lo hacen el resto de familias de jugadores de campo.

Es bien sabido que todo tiene un comienzo. Todo deportista, ya sea profesional o aficionado, ha pasado por una época en su infancia dónde ha sido formado en el deporte. Son unos años que seguramente la mayoría recuerdan con una sonrisa y donde la familia suele tener un papel importante.

Sus padres, abuelos o tíos, son los que lo llevaban a entrenar, a los partidos, los que estaban allí en la victoria y en la derrota. Como padre de un pequeño portero, me propongo realizar una serie de reflexiones subjetivas sobre lo diferente que es tener un hijo bajo los palos. Todo ello basadas en mi propia experiencia. Seguramente no tengan un valor científico, pero creo que más de un padre/madre de guardameta se podrá sentir representado.

Ser padre de portero es diferente porque nuestro hijo tiene un papel especial en el partido. Un día escribí un artículo que llevaba por título “portero-jugador, la diferencia está en el casi”. Se trataba de reflexionar sobre las diferencias que hay entre unos y otros.

La comparación giraba en torno a la palabra “casi”. Así cuando un padre/madre le preguntaba a su hijo delantero como había ido el partido, él podría responder “casi meto un gol”. En el mismo supuesto para el chico portero, la repuesta podría ser “casi impedí un gol”.

En ambos casos no habían conseguido su objetivo, pero uno no había tenido mayor relevancia y en el caso del cancerbero el resultado habría sido un gol. La familia tenemos que ser consciente de ello y aprender a convivir como ellos mismos lo hacen. Sabemos que un “fallo” suyo es mucho más relevante que el de un jugador de campo. El trabajo del padre/madre en este caso es ser un apoyo en esos momentos. En nuestro caso intentamos inculcar, espero que con éxito, que aunque se reciba un gol hay que levantarse y seguir. Y puede parecer fácil decirlo pero explícale a un niño de 5 años eso no lo es.



Ser padre de portero es diferente porque nuestro hijo vive de forma distinta un partido. Un día leí una frase que decía algo así: “Habitualmente soy el mejor del equipo cuando mi equipo no ha jugado bien”. Y es bien cierto, actualmente nuestro hijo es de segundo año de infantiles y en esta categoría es muy irregular, con equipos muy fuertes y muy flojos.

No existen divisiones, con lo que todos juegan contra todos. Eso crea que haya partidos en que su equipo gane 10-0 y partidos en que no llega a tocar un solo balón. Y otros encuentros en los que pierden 5-1 pero en los que para 20 tiros  al arco. ¿Dónde salen más felices la mayoría de las familias del equipo? Por supuesto en el ganado. ¿Dónde sale más feliz la familia del portero? Yo lo tengo claro, en el que pierden, porque es dónde mi hijo se ha divertido y ha aprendido.

Ahora nuestro hijo ha madurado un poco y cuando no tiene trabajo en el campo intenta ayudar al equipo animando desde la frontal de su área, pero hace un par de temporadas, con 4-5 años, era su mayor tortura. Ya me dirán como hacer que un niño a esa edad esté atento 40 minutos a un partido cuando no le llegan una sola vez.

Otra cosa era cuando jugaban contra equipos poderosos. Ahí sí que disfrutaba, aunque perdiera. Con este ejemplo quiero seguir reforzando la diferencia de ser familia de un guardameta respecto a un jugador de campo. Ser padre de portero es diferente porque nuestra mirada se centra en nuestra portería cuando el resto de familias tiene el punto de mira en la portería contraria.

Les voy a proponer un ejercicio curioso. Cuando vayan a ver un partido de inferiores intenten buscar al padre del arquero, sobre todo en los partidos de los más pequeños. En muchos de los casos lo encontrarán detrás de la portería o en un lateral pero no demasiado lejos. ¿Y el resto de las familias? La mayoría en el ataque, para ver los goles. En mi caso, me suelo poner en un lateral, a nivel de la frontal del área.

Su primer entrenador de portero me aconsejó no ponerme nunca detrás, ya que podía ser una causa de distracción para el chico. Y desde entonces, si el campo lo permite, me coloco allí. Y en la mayoría de ocasiones solo, o como mucho acompañado del padre del defensa. 

Nuestro hijo jugará igual esté yo cerca o no, pero es una especie de “hábito” que creo que muchos padres con niños pequeños porteros tenemos. Ser padre de portero es diferente pero aún así estoy orgulloso de ser “el padre del portero”. Sufro seguramente más que los otros padres, pero cada día un poco menos.

Esta diferencia no es siempre bien aceptada por lo que me gustaría aprovechar estas líneas para dedicar unas palabras a aquellos padres que no dejan a sus hijos ser porteros por ser una posición ingrata (vaya que lo es). Dejen ustedes que su pequeño sea lo que quiera ser. Al principio se hace duro pero cuando asumes su rol en el equipo, te das cuenta de que el portero es una figura diferente y esencial en el fútbol.

Probablemente nunca meterá un gol. Pero llegará el día en que pare el balón imposible, y ese día sentirás un orgullo difícil de explicar. Y también habrá momentos malos, cuando tu hijo falle, pero en ese momento verás cómo se levanta, y te darás cuenta de que ser portero le hace ser más fuerte psicológicamente.

Porque cuando un chico se forma como portero, no sólo lo hace físicamente, lo hace también mentalmente, con lo que puede ser una gran lección para la vida. Y esa formación mental la tenemos que desarrollar también sus familias para poder disfrutar al 100% de este puesto dentro del campo de juego, del mismo deporte.

 

Fuente: Javier Manso y Verónica Giménez


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