Miércoles 17 de Junio de 2020
COMO SE TRABAJA EN EL FUTBOL EN URUGUAY

Las diferencias entre el fútbol femenino y el masculino: el innovador enfoque con el que trabajan en la Sub 17 de mujeres en Uruguay

A los 25 años, Stefanía Maggiolini Fort puso fin a su carrera como jugadora de fútbol. Hacía poco había regresado a su Uruguay natal luego de seis años de jugar en la primera división de España y las condiciones de la disciplina en su país no la motivaban para seguir. En Europa había estado en contacto con otra realidad en la que el fútbol femenino -aún con muchas carencias- estaba más jerarquizado y las jugadoras eran más valoradas. Fue por eso que decidió intentar cambiar la situación desde otro lado: estudió para ser directora técnica y hoy, casi ocho años después de su retiro, es la ayudante de campo de la selección femenina Sub 17 de Uruguay.

Como la mayoría de las jugadoras de su generación, Stefanía empezó jugando al fútbol con los varones. Su familia jamás puso reparos a esa pasión que sentía por la pelota. De hecho, fue su abuela, que hoy tiene 88 años, la que la llevó a la cancha desde muy chiquita. Más allá de que sus seres queridos siempre apoyaron y alentaron sus ganas de jugar al fútbol, la uruguaya no era ajena a los prejuicios de una sociedad conservadora.

“Viví experiencias lógicas de otro tiempo por ver a una mujer jugando al fútbol. Por suerte eso va cambiando y ya no existe. Socialmente hubo un cambio importante en los últimos años y lo veo bastante”, aseguró la entrenadora en diálogo telefónico con Infobae desde Maldonado, lugar en que vive su familia.

“Hoy los clubes tienen mujeres en sus cuerpos técnicos, tenemos fútbol infantil y eso es un privilegio, porque cuanto más joven la jugadora pueda desarrollarse, eso es fundamental. Tener la base es clave y eso no existe en otros países. Hoy en día la niña acá en Uruguay nace, ya tiene una pelota y se le ofrece un espacio para jugar. Tenemos fútbol infantil categorías Sub 14, Sub 16, Sub 19 y adultas. Antes eso no existía porque había poca demanda, las mujeres no se animaban a mostrarse por los prejuicios. Hoy sí se animan y ya hay más de 5000 niñas practicando fútbol Infantil y 1500 jugando en la Federación”, recalcó Maggiolini, que previamente fue DT en las inferiores femeninas de Peñarol y de Defensor Sporting.

Aceptación y naturalización. Esas fueron las claves que hicieron que ver una nena o una mujer pateando una pelota deje de ser tabú. A esos factores se suma la creciente formación a entrenadores y entrenadoras y la obligación de los clubes de tener un equipo femenino de mayores y, al menos, una categoría juvenil (hay muchos que tienen aún más). “Hoy tenemos un gran número de jugadoras y, desde la Federación y desde los clubes, estamos tratando de mejorar la calidad del espectáculo. Para eso buscamos crear hábitos que no existen en las jugadoras y capacitar a los entrenadores para que les proporcionen la información. Eso es lo ideal para llegar a ser competitivos”, consideró la ex futbolista de Nacional de Montevideo, Rampla Juniors, L’Estartit de Cataluña, Badajoz y la selección uruguaya.

Esos hábitos de lo que carecen las jugadoras de fútbol están marcados por las estructuras de la sociedad y la diferencia en sus experiencias respecto de los hombres. Stefanía explica: “El varón nace y ya tiene un espacio, que es la escuelita del fútbol, con todas sus herramientas, con gente capacitada y está estimulado. El varón se prepara para llegar a Primera o para salir al extranjero por un tema económico. La mujer, al menos en la época en que yo empecé entre 2000 y 2005, iba a participar en el deporte como un tema recreativo, lo ve como un espacio donde se siente contenida, donde están sus amigas, sea fútbol 11, sala o playa. No tiene otro objetivo, no tiene el hábito de deportista de prepararse para seguir aumentando su desarrollo y no tiene hábitos de cuidado personal como la alimentación o el cuerpo desde el punto de vista de la salud”.

Desde el cuerpo técnico de la Sub 17 de Uruguay han establecido un estilo de trabajo en el que intentan romper con esa tendencia. Para eso, implementan estrategias tendientes a la creación de hábitos saludables, algo que también se conoce como “entrenamiento invisible” y que involucra a la nutrición y el descanso, entre otros factores. La apuesta es que, a partir de estos consejos, la formación de las jugadoras mejore y se puedan lograr equipos competitivos a nivel internacional.

En la visión de Maggiolini, es central tener conciencia respecto de las especificidades de la mujer en el fútbol para poder encarar el trabajo en los equipos femeninos. “No podemos decir que hay mujeres que juegan mejor que los varones porque estamos comparando peras con cebollas. Hay diferencias desde el punto de vista anatómico y fisiológico”, subrayó.

Luego, continuó: “El ciclo menstrual lo tiene solamente la mujer y hay que tener en cuenta cómo impacta. Lo mismo con la cantidad de hormonas con las que contamos. La testosterona es la hormona de la agresividad y el hombre la tiene más concentrada, mientras que la mujer tiene la hormona de la empatía, que es la progesterona”.

“Desde el punto de vista de la biomecánica y la anatomía, la mujer tiene el centro de gravedad en la parte inferior, en las caderas, porque prepara el cuerpo para la maternidad y hay que tener en cuenta cómo influye eso en el remate. El varón, en tanto, lo tiene en la parte superior, en la caja. Por eso una de las correcciones que se les hace para que no se eleve el remate es bajar el centro de gravedad. En la mujer no hay que hacer esa corrección porque así va a tener más equilibrio en el remate. Además, la mujer en su complexión tiene biológicamente un 15% más de masa grasa y el varón ese 15% lo tiene en masa muscular, por eso tiene más fuerza, más velocidad y más resistencia”, agregó la DT.

El punto de vista psicológico y sociocultural es otra de las particularidades que afecta directamente a la práctica del fútbol en las mujeres. Stefanía precisó: “La mujer nace en un entorno que está condicionado y recibe muchos mensajes desde chica. Hay niñas que juegan al fútbol infantil con las rodillas hacia adentro y no con piernas más abiertas y posicionadas. Eso es porque les dicen que una nena no puede estar abierta de piernas porque no es femenina. Son mensajes psicológicos que las van limitando y que no les permiten desarrollarse en la adultez. Culturalmente, además, el entorno no ve la práctica del deporte en la mujer, entonces la mujer no tiene ese espacio como sí lo tiene el varón desde que nace. Los vestuarios y los estadios también condicionan porque siempre fueron pensados para hombres. Las directivas, en tanto, son estructuras donde solamente domina el varón. Cuando no hay una perspectiva del mismo deporte para ambos, es complicado”.

Stefanía da clases en el Instituto Técnico Profesional, donde se estudia para obtener el título de entrenador/a, y muchos de sus alumnos se quedan sorprendidos cuando les hace notar estas especificidades y condicionantes del fútbol femenino.

Hoy Uruguay tiene una Primera División de fútbol femenino en la que juegan casi los mismos equipos que en la rama masculina (Nacional, Peñarol, Defensor Sporting, River Plate de Montevideo, San Jacinto y LIverpool, entre otros). Hace ya algunos años se creó, además, una segunda categoría, algo que le dio mayor dinamismo y competitividad. Estos clubes tienen, como mínimo, una categoría juvenil de mujeres - generalmente una Sub 19- y desde allí nutren a su conjunto de mayores,

La entrenadora apuesta a que esta formación de base en los clubes y en las juveniles de la Selección pueda lograr que Uruguay sea aún más competitivo en la región. “Tenemos un nuevo proyecto a largo plazo. En la Sub 17 estamos formando jugadoras para que sean competitivas de adultas. Estamos en un proceso de desarrollo de deportistas y nos falta tiempo de trabajo. Muchas veces se piden resultados inmediatos y no se dan cuenta de que el tiempo es fundamental para poder crear un modelo. Nuestra Sub 20 actual es una buena generación y va a ser competitiva, pero hoy a nivel sudamericano estamos debajo de países como Brasil, Argentina y Chile. La idea es mantener el trabajo y que, en cinco o seis años, estas jugadoras que hoy están con nosotras puedan conseguir algo internacionalmente”, se ilusionó.

La pandemia de coronavirus puso en suspenso la actividad de la Sub 17, que en abril debió jugar de local el torneo Sudamericano clasificatorio para el Mundial de India. La Conmebol reprogramó el certamen regional para noviembre de este año, mientras que la Copa del Mundo será en 2021. Mientras tanto, el plantel continúa con sus trabajos de manera virtual con dos o tres encuentros semanales de los que participan las jugadoras junto al DT Santiago Ostolaza, Stefanía como ayudante técnica y la preparadora física Laura Blanco. Los entrenamientos no son solo físicos, sino que también hay charlas de nutrición, espacios recreativos y educación en sanidad.

La parte que más le gusta a la ex futbolista es la de videoanálisis. Respecto de esa tarea, detalló: “Las jugadoras tienen que verse y entender lo que nosotros queremos. Por ejemplo, hace poco vimos los videos de los amistosos que jugamos ante Argentina en marzo. Tratamos de mostrarles a las futbolistas su propio desempeño y también los de los rivales a los que vamos a enfrentar en el Sudamericano. Queremos que la jugadora empiece a vincularse desde lo táctico y lo técnico, que tenga el ojo del análisis y del vocabulario. Queremos que ellas sepan que estamos tratando de enseñarles muchas formas de defender y de atacar, también sistemas de juego diferentes. No queremos quedarnos con una sola forma, con esa idiosincrasia del país de defender, defender y atacar esporádicamente. Queremos que ellas sepan que hay más opciones para las mujeres”.

Tiempo atrás, la FIFA publicó un informe del que se desprende que solo el 7% de los entrenadores federados en el mundo son mujeres. Cuando se le preguntan por sus referentes, Stefanía hace escuela y solo nombra a colegas femeninas. Entre las directoras técnicas a las que admira, destaca a Sarina Wiegman (Holanda), Jill Ellis (ex de Estados Unidos), Corinne Diacre (Francia), Pía Sundhage (sueca, hoy en Brasil), Mónica Vergara (México) y Emily Lima (brasileña, hoy en Ecuador), entre otras.

“Las líderes o los modelos existen porque cada vez la mujer se va involucrando más en este deporte que históricamente fue para el varón. Acá en Uruguay en los últimos años se han incorporado mujeres en los cuerpo técnicos de la selecciones femeninas. Yo veo que las ex jugadoras con mayor capacidad no lo toman como una opción al dejar el fútbol, pero ahora estos modelos están apareciendo porque las ex jugadoras se están involucrando. Yo dejé de jugar al fútbol hace no mucho y las jugadoras ven en mí la posibilidad de lograr lo mismo en algún momento. Ojalá aunque sea dos o tres se contagien y sepan que pueden ser entrenadoras en un futuro, que pueden ser líderes y ejemplos para las gurisas (chicas) que vienen de abajo. Antes siempre te preguntaban quién era tu ídolo y tenías que elegir a un varón y hoy en día eso ya no pasa”, reflexionó con optimismo.

Son tiempos de cambios a nivel global y, más allá del freno que puede significar la pandemia de coronavirus, Uruguay es parte de ese empuje que ha ganado el fútbol femenino. La profesionalización de la Primera División de Argentina tuvo su repercusión en el país y hubo algunos contactos entre jugadoras a ambos lados del Río de La Plata. De hecho, las futbolistas charrúas crearon su propio sindicato y lograron fortalecerse para, aún en el amateurismo, conseguir más recursos para la disciplina. En ese marco, Nacional de Montevideo fue pionero y se convirtió en el primer equipo en ofrecerles contratos a tres de sus futbolistas.

“Si la jugadora no se dedica un 100% a lo que está haciendo, es imposible ser profesionales. Cuando una le dedica horas a otras cosas, ya está condicionada por el cansancio, y el tema del cuidado físico y mental es fundamental. Ojalá que algún día las jugadoras puedan ganar un dinero y tener beneficios por el trabajo que hacen, porque se lo merecen”, deseó Stefania. Y, bassada en su experiencia personal, concluyó: “Muchas jugadoras se van a otro país, ven otras realidades y después exigen que en Uruguay haya gente capacitada en los cuerpos técnicos. Ojalá que puedan seguir saliendo, pero no por un tema económico porque ni siquiera en Europa se ganan grandes cantidades de dinero, pero sí para aprender de otras culturas y traerlo para acá”.

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